Dos fotografías. La primera refiere a un hecho: la masiva convocatoria, los numerosos cuerpos reunidos alrededor del vehículo que llevaba al difunto ex presidente; es un documento, una evidencia, nos dice "esto es lo que efectivamente ocurrió" (y "lo sabemos, estuvimos ahí"). La segunda es una interpretación de la primera, una valoración, no refiere tanto a lo sucedido (a algo limitado por su espacio-temporalidad) como a un clima de época; su sentido desborda la circunstancia, el hecho efectivo retratado por el ojo de la cámara (es decir que allí estaba la presidenta, que llevaba anteojos de sol, que las manos se apoyaban en el vidrio del coche). La primera foto es un indicio, la segunda es un símbolo.El titular, en tanto enunciado verbal, realiza el trabajo de anclaje que fija el sentido, que limita la polisemia de las imágenes: "No está sola". Como una imagen nunca dice más que mil palabras, la inserción del texto escrito en la pieza contribuye a establecer la relación descrita más arriba, la de garantizar una lectura, una interpretación (política, incluso) a la emanación de la realidad, de los hechos brutos, de los cuerpos congregados alrededor del difunto. ¿Cómo se explica esa aglomeración de cuerpos? El estar en se traduce en estar por, el azar es encauzado en el carril de la interpretación (que nunca es desinteresada, pero siempre es necesaria, pues sin esta no habría sentido ni comunidad posibles).
Quizás se observe así la imposibilidad de reflejar la realidad, sea lo que eso sea, posiblemente sólo los hechos, las masas córporeas. En efecto, el discurso informativo refiere a ese pretendido exterior del lenguaje, del artificio semiótico, al mundo real. En la medida en que su arsenal retórico pueda sostener la ficción de la literalidad, de la pura referencia, el enunciado puede leerse como una mera proposición solamente afín a los valores de verdad o falsedad. Verdaderamente fue masiva la convocatoria, ¿acaso puede negarse eso? No, por supuesto. Pero el sentido excede lo meramente propocisional y deviene en argumentativo. Ahí radica el interés de esta sintaxis (como de cualquier otra). De esta configuración de texto e imágenes. La pieza se traduce pues en un argumento, una secuencia de relaciones entre distintos términos (siendo la referencia al hecho, el dato duro, un mero eslabón de la cadena).
El argumento es simple: la presidenta tiene el apoyo del pueblo. En esta empresa argumentativa la figura que condensa con una claridad casi epidérmica esta pauta de lectura es la del encuentro de las manos en la segunda fotografía. Decíamos que la seguna foto es una interpretación de la primera en función de la idea del apoyo popular, que esta simboliza a la primera, o que completa la simbolización de esa emanación de realidades. Pero, ¿no es acaso la segunda fotografía también un indicio? ¿Acaso esas manos no estuvieron verdaderamente allí? Sería ridículo sostener lo contrario, pero no es en la especificidad de cada elemento sino en la totalidad donde las unidades adquieren su sentido. Ambas fotos, en tanto fotografías de prensa, reclaman ser leídas como documentos, y en esa invocación de lo presuntamente evidente se esconde la propia operación discursiva - es tal el poder que busca el discurso, el de ser leído como lo verdadero (que sólo se opone a lo falso dentro de los parámetros de esta ficción que aquí se intenta deconstruir).
Es una relación de exterior-interior la que pretende plantear la transición de una imagen a otra. Invita al lector a internarse en la multitud y a contemplar en la cercanía el encuentro de esas manos (si es que no a apoyar la propia). Se invita al lector a explorar con el cuerpo, con la fibra más sensible de su ser la naturaleza de este apoyo. "Ni la lluvia pudo frenar el fervor que también explotó en las calles" reza el apartado, en la esquina inferior derecha. El fenómeno natural de la lluvia es contrarrestado por el fervor popular, que es otro fenómeno natural porque tiene al cuerpo como su punto de apoyatura, su centro, el lugar privilegiado del que emana.
Así pues no se trata de un hecho, de algo que ocurrió en un lugar y un momento específicos, sino de un clima, algo que trasciende las fronteras accidentales de la espacio-temporalidad, una naturaleza, la naturaleza popular. Naturaleza de las pasiones que condensa en la misma figura a la viuda dolida (cuyos ojos no vemos porque sufre) con la líder política, la conductora. El acompañamiento ("no está sola") es humano y político a la vez, e incluso es dudosa esta descripción en tanto conserva la disociación de estos términos cuyo sentido se condensa en una única figura, la que trasciende lo meramente pasional y lo estrictamente racional de una política ilustrada, así es la naturaleza popular. Que ellos se enteren, la presidenta no está sola, tiene al pueblo que le extiende su mano en su momento de dolor porque ella es la continuación legítima del conductor que se va. No es sólo el sentido de lo evidente lo que busca producir la pieza, sino el de la refutación por lo evidente. No es necesario aclarar refutación de qué.
*Tanto la imagen como la idea de esbozar algún análisis me llega por cortesía de http://anarkoperonismo.blogspot.com/
