
Empezó como un rumor un poco indefinido que se coló por los rincones de mi casa... llegó a mi cama como una nebulosa... ¿dijo Kirchner?
Bendita TV, la que nos alimenta, la que construye nuestra realidad como organización de lo disperso. Caro el precio de esa organización, no obstante.
Las palabras encuentran sus límites cuando lo inesperado irrumpe desgarrando el tejido de lo cotidiano. Nestor Kirchner, el conductor político más importante de la Argentina post-2001 ha fallecido. Del 2001 nadie dice nada. Sólo se lo invoca como al fantasma de una catástrofe. El propio Kirchner así lo hizo el año pasado cuando resaltó la importancia de continuar con el modelo, en las elecciones que lo encontrarían en un segundo lugar, a pasitos de Francisco De Narváez.
Pero el 2001, si nos tomamos el tiempo de meditarlo, de analizarlo, lo explica todo. Son aún conmovedoras las imágenes del ex presidente haciendo bajar a Los Dinosaurios de la pared, enmarcados, retratados. Esa efervecencia popular del 2001 fue la causa de todo este nuevo paradigma de la argentinidad que supo capitalizar y, de algún modo no carente de importancia, conducir el bloque político que Kirchner encabezó como lider carismático, como estratega político y que de ahora en más lo encontrará en el lugar nada despreciable del emblema mitológico. Kirchner ya es un símbolo. Los eufemismos empleados por sus adversarios en las entrevistas con los medios así lo demuestran. "Era un hombre de convicciones" dijo Macri. Eufemismos, claro. ¿Qué se puede decir? La política y la militancia cobran un nuevo sentido, o reclaman un sentido extraviado en el sopor hedonista de los ´90. Las convicciones son el motor de los procesos históricos.
Ideas desordenadas todas estas. No soy kirchnerista. Tampoco soy antikirchnerista. Hace rato me expresé en contra de tan lamentable dicotomía de la imbecilidad periodística de la que lamentablemente se han hecho eco tantos conductores con desmedido oportunismo.
Siento venir a los lugares comunes. No los quiero. No quiero el llamado a construir entre todos, a estar unidos, a solventar las diferencias. Una cosa que siempre me gustó de este gobierno es que su pragmatismo y su comprensión de la política dejaron en claro que "todos" nunca quiso decir "todos". Que la sociedad como totalidad es una ficción, necesaria, sí (Laclau, Laclau, Laclau) pero imposible. Para este gobierno, y sobre todo en la etapa que le tocó protagonizar a Cristina Fernandez, la democracia no era el resultado posible de las buenas voluntades de todos (visión de los medios privados que solapa las desigualdades) sino una fuerza que debe avanzar y conquistar los territorios aún preservados por los intereses sectarios de grupos económicos. En el mapa de la política la democracia era una fuerza de conquista, no de evangelización.
Yo nunca los voté y probablemente no lo haga jamás. Tuve momentos de duda, eso sí. Estuve tentado. Me tienta la Ley de Medios, me tientan los juicios a los represores, la anulación de las leyes de obediencia debida y punto final, me tienta la política exterior (que algunos periodistas e incluso líderes políticos dicen que no existe, ni siquiera que es reprochable), me tienta la estatización del régimen jubilatorio... en fin... mucha tentación. Todas esas cosas las acompaño y las acompañaré siempre.
Lo demás... no es momento para lo demás. Desde aquí una simple y desorganizada expresión de ideas, personales, privadas, sí, pero que buscan lo público, lo que es del interés real de todos. ¿La política deshumaniza? Quizás. O tal vez es tan estrecha nuestra comprensión de lo humano que sólo podemos pensar en las secreciones del cuerpo, en la contracción de un gesto, en las lágrimas, sangre, mucosidades. La exaltación de las pasiones, el relato de la viuda y de los hijos despechados. Todo eso, lo digo clarito, me parece una mierda.
