10 de noviembre de 2010

El acompañamiento. La naturaleza popular

Dos fotografías. La primera refiere a un hecho: la masiva convocatoria, los numerosos cuerpos reunidos alrededor del vehículo que llevaba al difunto ex presidente; es un documento, una evidencia, nos dice "esto es lo que efectivamente ocurrió" (y "lo sabemos, estuvimos ahí"). La segunda es una interpretación de la primera, una valoración, no refiere tanto a lo sucedido (a algo limitado por su espacio-temporalidad) como a un clima de época; su sentido desborda la circunstancia, el hecho efectivo retratado por el ojo de la cámara (es decir que allí estaba la presidenta, que llevaba anteojos de sol, que las manos se apoyaban en el vidrio del coche). La primera foto es un indicio, la segunda es un símbolo.

El titular, en tanto enunciado verbal, realiza el trabajo de anclaje que fija el sentido, que limita la polisemia de las imágenes: "No está sola". Como una imagen nunca dice más que mil palabras, la inserción del texto escrito en la pieza contribuye a establecer la relación descrita más arriba, la de garantizar una lectura, una interpretación (política, incluso) a la emanación de la realidad, de los hechos brutos, de los cuerpos congregados alrededor del difunto. ¿Cómo se explica esa aglomeración de cuerpos? El estar en se traduce en estar por, el azar es encauzado en el carril de la interpretación (que nunca es desinteresada, pero siempre es necesaria, pues sin esta no habría sentido ni comunidad posibles).

Quizás se observe así la imposibilidad de reflejar la realidad, sea lo que eso sea, posiblemente sólo los hechos, las masas córporeas. En efecto, el discurso informativo refiere a ese pretendido exterior del lenguaje, del artificio semiótico, al mundo real. En la medida en que su arsenal retórico pueda sostener la ficción de la literalidad, de la pura referencia, el enunciado puede leerse como una mera proposición solamente afín a los valores de verdad o falsedad. Verdaderamente fue masiva la convocatoria, ¿acaso puede negarse eso? No, por supuesto. Pero el sentido excede lo meramente propocisional y deviene en argumentativo. Ahí radica el interés de esta sintaxis (como de cualquier otra). De esta configuración de texto e imágenes. La pieza se traduce pues en un argumento, una secuencia de relaciones entre distintos términos (siendo la referencia al hecho, el dato duro, un mero eslabón de la cadena).

El argumento es simple: la presidenta tiene el apoyo del pueblo. En esta empresa argumentativa la figura que condensa con una claridad casi epidérmica esta pauta de lectura es la del encuentro de las manos en la segunda fotografía. Decíamos que la seguna foto es una interpretación de la primera en función de la idea del apoyo popular, que esta simboliza a la primera, o que completa la simbolización de esa emanación de realidades. Pero, ¿no es acaso la segunda fotografía también un indicio? ¿Acaso esas manos no estuvieron verdaderamente allí? Sería ridículo sostener lo contrario, pero no es en la especificidad de cada elemento sino en la totalidad donde las unidades adquieren su sentido. Ambas fotos, en tanto fotografías de prensa, reclaman ser leídas como documentos, y en esa invocación de lo presuntamente evidente se esconde la propia operación discursiva - es tal el poder que busca el discurso, el de ser leído como lo verdadero (que sólo se opone a lo falso dentro de los parámetros de esta ficción que aquí se intenta deconstruir).
Es una relación de exterior-interior la que pretende plantear la transición de una imagen a otra. Invita al lector a internarse en la multitud y a contemplar en la cercanía el encuentro de esas manos (si es que no a apoyar la propia). Se invita al lector a explorar con el cuerpo, con la fibra más sensible de su ser la naturaleza de este apoyo. "Ni la lluvia pudo frenar el fervor que también explotó en las calles" reza el apartado, en la esquina inferior derecha. El fenómeno natural de la lluvia es contrarrestado por el fervor popular, que es otro fenómeno natural porque tiene al cuerpo como su punto de apoyatura, su centro, el lugar privilegiado del que emana.

Así pues no se trata de un hecho, de algo que ocurrió en un lugar y un momento específicos, sino de un clima, algo que trasciende las fronteras accidentales de la espacio-temporalidad, una naturaleza, la naturaleza popular. Naturaleza de las pasiones que condensa en la misma figura a la viuda dolida (cuyos ojos no vemos porque sufre) con la líder política, la conductora. El acompañamiento ("no está sola") es humano y político a la vez, e incluso es dudosa esta descripción en tanto conserva la disociación de estos términos cuyo sentido se condensa en una única figura, la que trasciende lo meramente pasional y lo estrictamente racional de una política ilustrada, así es la naturaleza popular. Que ellos se enteren, la presidenta no está sola, tiene al pueblo que le extiende su mano en su momento de dolor porque ella es la continuación legítima del conductor que se va. No es sólo el sentido de lo evidente lo que busca producir la pieza, sino el de la refutación por lo evidente. No es necesario aclarar refutación de qué.


*Tanto la imagen como la idea de esbozar algún análisis me llega por cortesía de http://anarkoperonismo.blogspot.com/

27 de octubre de 2010

Hoy


Empezó como un rumor un poco indefinido que se coló por los rincones de mi casa... llegó a mi cama como una nebulosa... ¿dijo Kirchner?

Bendita TV, la que nos alimenta, la que construye nuestra realidad como organización de lo disperso. Caro el precio de esa organización, no obstante.

Las palabras encuentran sus límites cuando lo inesperado irrumpe desgarrando el tejido de lo cotidiano. Nestor Kirchner, el conductor político más importante de la Argentina post-2001 ha fallecido. Del 2001 nadie dice nada. Sólo se lo invoca como al fantasma de una catástrofe. El propio Kirchner así lo hizo el año pasado cuando resaltó la importancia de continuar con el modelo, en las elecciones que lo encontrarían en un segundo lugar, a pasitos de Francisco De Narváez.

Pero el 2001, si nos tomamos el tiempo de meditarlo, de analizarlo, lo explica todo. Son aún conmovedoras las imágenes del ex presidente haciendo bajar a Los Dinosaurios de la pared, enmarcados, retratados. Esa efervecencia popular del 2001 fue la causa de todo este nuevo paradigma de la argentinidad que supo capitalizar y, de algún modo no carente de importancia, conducir el bloque político que Kirchner encabezó como lider carismático, como estratega político y que de ahora en más lo encontrará en el lugar nada despreciable del emblema mitológico. Kirchner ya es un símbolo. Los eufemismos empleados por sus adversarios en las entrevistas con los medios así lo demuestran. "Era un hombre de convicciones" dijo Macri. Eufemismos, claro. ¿Qué se puede decir? La política y la militancia cobran un nuevo sentido, o reclaman un sentido extraviado en el sopor hedonista de los ´90. Las convicciones son el motor de los procesos históricos.

Ideas desordenadas todas estas. No soy kirchnerista. Tampoco soy antikirchnerista. Hace rato me expresé en contra de tan lamentable dicotomía de la imbecilidad periodística de la que lamentablemente se han hecho eco tantos conductores con desmedido oportunismo.

Siento venir a los lugares comunes. No los quiero. No quiero el llamado a construir entre todos, a estar unidos, a solventar las diferencias. Una cosa que siempre me gustó de este gobierno es que su pragmatismo y su comprensión de la política dejaron en claro que "todos" nunca quiso decir "todos". Que la sociedad como totalidad es una ficción, necesaria, sí (Laclau, Laclau, Laclau) pero imposible. Para este gobierno, y sobre todo en la etapa que le tocó protagonizar a Cristina Fernandez, la democracia no era el resultado posible de las buenas voluntades de todos (visión de los medios privados que solapa las desigualdades) sino una fuerza que debe avanzar y conquistar los territorios aún preservados por los intereses sectarios de grupos económicos. En el mapa de la política la democracia era una fuerza de conquista, no de evangelización.

Yo nunca los voté y probablemente no lo haga jamás. Tuve momentos de duda, eso sí. Estuve tentado. Me tienta la Ley de Medios, me tientan los juicios a los represores, la anulación de las leyes de obediencia debida y punto final, me tienta la política exterior (que algunos periodistas e incluso líderes políticos dicen que no existe, ni siquiera que es reprochable), me tienta la estatización del régimen jubilatorio... en fin... mucha tentación. Todas esas cosas las acompaño y las acompañaré siempre.

Lo demás... no es momento para lo demás. Desde aquí una simple y desorganizada expresión de ideas, personales, privadas, sí, pero que buscan lo público, lo que es del interés real de todos. ¿La política deshumaniza? Quizás. O tal vez es tan estrecha nuestra comprensión de lo humano que sólo podemos pensar en las secreciones del cuerpo, en la contracción de un gesto, en las lágrimas, sangre, mucosidades. La exaltación de las pasiones, el relato de la viuda y de los hijos despechados. Todo eso, lo digo clarito, me parece una mierda.